CAMPEONES DE LA LDM 2012-2013

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domingo, 21 de diciembre de 2008

Qué bonito es el fútbol cuando se gana


Pues eso. Cerramos el año a lo grande. Todo fue mucho mejor que si lo hubiera soñado. Esta vez, cumplimos con la doctrina Guardiola y fuimos a por ellos. Desde el primer segundo. Resultado: una contundentísima goleada que será glosada por los poetas en los siglos venideros. Fue, sencillamente, épico. Paso a escribir la crónica. Confío en ser lo más fiel posible a la realidad.

Salimos como un torbellino. La Saeta, nada más pitar el árbitro, se encargó de marcar el gol más rápido de la Liga. En apenas 10 segundos, ya mandábamos en el marcador. Se plantó en el área, regateó a un tipo y estrelló el balón en la red con su estilo característico. La primera, en la frente. Evo, poco después, con jugada marca de la casa a base de regates, se anotó el segundo, ante la atenta mirada de nuestra avanzadilla en China. El Carnicero esperaba su oportunidad en el banquillo. Ahí no se paró el festival. Jugadón de Cassano, asistencia para Evo y 3-0 para el casillero.

Llegó entonces la lesión de un rival. Y se procedió a su cambio por parte de un compañero en estado levemente griposo. Eso cortó nuestro ritmo, pero no nuestras ganas. Cassano envió dos disparos a la madera, uno de ellos a la cruceta, y el portero rival también tuvo algunas acertadas intervenciones. Por nuestra parte, Metesaquer, aunque durante el duelo volvió a demostrar su innata capacidad para pisar al contrario sin ser visto, como si tal cosa, el Carnicero y Uleguer controlaban las llegadas rivales. Este último aguantó lo bastante a un rival como para que, a pesar de un caño, no tuviera opción. Va pillando la historia. Por mi parte, sólo tuve una intervención destacada. Un tiro levemente escorado a la izquierda que, entre mi mano y el palo, se marchó a córner. Tener una clara y que te la paren también descoloca al contrario ;-) Personalmente, la acción me dio mucha confianza.

Segundo tiempo. Nuestro acoso a la meta rival no cejó ni un ápice. Desgraciadamente, la suerte no acompañaba. El gol, ahora, se nos resistía. Hasta que Arizmendi, en una jugada embarullada dentro del área, anotó el 4-0. Los contrarios, picados en su orgulllo, tomaron más verticalidad. Pero ese no era su día. Era el nuestro. De todos. Uno de ellos se plantó ante mí mientras Metesaquer dudaba si trabarlo o no. Uno contra uno. Chutó. Y se la quité, obligando al pobre Melgar a saltar por encima de mí para no darme un rodillazo en el careto. Los gritos de celebración de los nuestros en la banda me pusieron los pelos de punta. Así da gusto jugar, jeje. Pero tanta insistencia rival tuvo premio, en un córner con leve despiste defensivo y rematado a bocajarro. 4-1. Una lástima.

Hubo conato de reacción, con una llegada peligrosa por la banda izquierda, escorada, que logré abortar por dos veces sin demasiadas complicaciones. Y de repente, la cosa se congeló. Volvimos a tirar del carro. La Saeta, tras otro saque de esquina, a manos del Carnicero, logró el 5-1. Ellos trataron de llegar, pero con marrullería (Arizmendi casi llega a las manos tras ser agredido con un balonazo en una falta lanzada por el rival, producto de su ignorancia tras la enésima falta subterránea del gran Metesaquer) y poco peligro. Hacía falta algo más para redondear la mañana. La guinda. Y llegó. Y de qué manera. Cassano completó su buen despliegue con un gran remate de chilena, a lo Crouch, que se coló por la escuadra rival. Otra vez, celebración encendida, propia de final de la Champions. Y vuestro humilde servidor debe confesar que acabó de rodillas en su área. El gol es más que claro candidato a tanto del año. 6-1. Estelar.

Para que no me aburriera, Uleguer tuvo a bien peinar un balón hacia atrás para darme un poquito de trabajo. Los rivales, mientras, hundidos. Pidieron descanso y La Saeta preguntó cuánto quedaba. Había hambre de goles. Y a Arizmendi le apetecía tomar su particular venganza. Tras una jugada por la banda mezcla de pundonor y lucha de Metesaquer, con regate incluido, recibió el esférico y se plantó en el área rival, levemente escorado, para marcar el 7-1 definitivo. El portero rival, que salvó también unas cuantas en esta segunda mitad, se marchó nada más pitar el árbitro. Nosotros, eufóricos, casi cantamos "Polanco, yo me follo a tu mujer" en los vestuarios, pero los contrarios estaban demasiado cerca y no era cuestión de acabar a hostias. Gran mañana de fútbol. Preludio de gran celebración. Lástima que un virus terminara por joderme la noche antes de tiempo. En fin.

Sí, fue inolvidable. Ahora somos novenos. Ya lo decía al principio. Qué bonito es el fútbol cuando se gana. Ojalá dure la racha.