El fútbol es justo. No siempre, pero sí en la mayoría de las ocasiones. Tras el 3-0 por incomparecencia del AS, Las Dos Españas tenían hoy una cita única con la historia. Y han decidido no faltar a ella. Por primera vez, este sufrido grupo de gladiadores ha conseguido hacerse con el título de campeones de liga. Han pasado muchos años desde que un grupo de chavales, en su mayoría negados para el balompié, decidieron montar un equipo y probar fortuna en la LdM. Muchos ilustres compañeros de armas colgaron las botas antes de poder saborear este momento, por unos u otros motivos. Va por ellos. Un trabajadísimo empate (4-4) nos ha dado el punto que necesitábamos ante un rival con mucho toque, pero quizás lastrado un poco al final por los nervios.
En mi vida he disfrutado tanto con un equipo. Si perdiendo ya me lo pasaba en grande, ganar tenía que ser la hostia. Y lo ha sido. Hemos tenido que sufrir mucho para ello. Pero, si algo ha demostrado este equipo este año, es que no se arruga ante las dificultades. Por arduas que sean.
Cómo no podía ser de otra manera, no ha faltado nadie. Sólo Jesús Mariano, cuyos servicios, con la vuelta de Palermo bajo los palos, ya no eran necesarios. El uno y el otro han demostrado que el Gato puede colgar los guantes bien tranquilo. Y con mucha envidia. Ambos han protagonizado enormes paradas en esta gloriosa temporada, algunas de las cuales sólo entraban en la imaginación del felino enguantado. La mano que ha sacado Palermo en los últimos instantes ha sido defintiva, merecidamente reconocida por el arquero rival, el mejor de la liga.
El duelo ha empezado de la mejor manera posible, con Evo perforando la meta rival tras jugada personal. La alegría, con dedicatoria al felino incluida, ha sido apoteósica. Pero la Ser ha contestado muy pronto, marchándose hasta por 1-3 gracias a jugadas de contra en el inoperante luminoso de Baco de Rueda. Hubo protestas, quejas, faltas. De unos y otros. La tensión se mascaba en el ambiente. Galiamin, bien asistido por Soldevilla, remachó la conexión perica con el 2-3.
El rival jugaba con tranquilidad. Lo tenía en su mano. Más aún con el 2-4, en una jugada que ni Supermánager ni Arizmendi, con dureza, pudieron frenar. Nuestro Ibrahimovic particular recibiría después también una entrada muy muy dura del meta rival. Por suerte, sin consecuencias, aunque personalmente me hizo sufrir mucho. El partido moría. Teníamos ocasiones, pero el meta rival, inspiradísimo, las paraba todas. Hasta que Galiamín ejecutó la polinha. Evo, al quite, metió el pie para poner el 3-4 en el marcador. Quedaban ocho minutos. Un Mundo. Eso era Público. Nunca mejor dicho. Queríamos ser campeones. Qué narices, nos lo merecíamos. Y Evo, a poco para el final, puso el 4-4 que nos daba el título. Tocó sufrir, sólo un poco, en los instantes finales. Pero el equipo, y Palermo, echaron el cerrojo. El título, al final, fue nuestro. Merecidamente. No tengo ninguna duda.
La celebración en El Manolo fue apoteósica, pero es sólo la antesala de lo que nos espera.
Más que nunca, siempre a sus pies.
El Gato.
Pichichi.
Evinho. 18 goles.
Crouch. 14 goles.
Arizmendi. 11 goles.
Supermánager. 9 goles.
Cassano. 8 goles.
Soldevilla. 5 goles.
Crouch. 14 goles.
Arizmendi. 11 goles.
Supermánager. 9 goles.
Cassano. 8 goles.
Soldevilla. 5 goles.
Galiamin. 4 goles.
Martín Palermo. 1 gol.
Toquero. 1 gol.
Toquero. 1 gol.
Laudrup.
Cassano. 15 asistencias.
Supermánager. 12 asistencias.
Evinho. 11 asistencias.
Arizmendi. 5 asistencias.
Toquero. 5 asistencias.
Soldevilla. 4 asistencias.
Crouch. 2 asistencias.
Martín Palermo. 2 asistencias.
Galiamin. 2 asistencias.

1 comentario:
18.34: tras la siesta y el Ibuprofeno, y con hipo en el cuerpo, os digo que muy rara vez uno encuentra un equipo así. Sus I love you.
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