
Pocas veces el azar nos ha tratado con tanta deferencia como contra Rac 1. De hecho, durante buena parte del partido uno se sentía parte de la azzurra en esos partidos del Mundial en que no importa lo que ocurra, que invariablemente ganan los italianos.
Desde el principio, la cosa fue de palos: corría el minuto 10, ya ganaban por 1-0, y ya habían hecho seis palos. A las bajas en ataque de Arizmendi, Cassano y La Saeta pudimos responder con el debut del no bautizado y con la frescura de movimientos de Quini, que celebraba sus 41 años con un derroche de energía.
Tras un largo asedio y una coleción de besos de Amadeu a sus postes (al larguero no lo besó porque no llega, pero también hubo de esos), se llegó al descanso con 2-1 para los del Conde, un equipo que juega otra Liga. Sin embargo, la potra seguía de nuestro lado y aprovechando que el Brito Arceo argentino cedió el pito a otro trencilla, llegamos a empatar a 2.
Rac 1, con algún futbolista de centro penitenciario de Burgos, de los que hacen faltas tácticas y alejan el balón en los fueras de banda, de los que son capaces de agarrar sin éxito seis veces en una misma jugada a Evo, puso el 3-2 y pareció que ya se marchaba en el narcador. Pero la potra atacó de nuevo y el portero de los de Godó se tragó un par más de goles que no eran ni ocasiones. En definitiva, el partido acabó con un muy meritorio 9-6, gracias a un golazo de Amadeu con el tiempo cumplido y el rival camino de la ducha.
Para el recuerdo queda también que Uleguer se atribuye el primer gol en promia meta del enemigo y Melgar hace lo propio con el segundo. Este último anotó otro gol legal y se confirma como baluarte fundamental de la escuadra. A ello sumó dos hitos aún más importantes: no hizo penaltis ni vio tarjeta.
Fueron sólo tres goles de diferencia y supo a gloria: podían haber sido quince.
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