Tras el frustrado debut contra uno de los grandes de Cataluña, toca medirnos al otro. Casi cuento las horas que faltan para enfrentarnos sobre el parqué a los Godós y cobrar justa venganza de las dos afrentas sufridas en las dos últimas campañas.
Quiero resarcirme. En ambas ocasiones me llevé un auténtico capazo de goles. Si bien en la primera el tanteo fue más doloroso, personalmente me siento mucho más culpable del encajado hace casi un año. Jugué presionado por la excelente actuación del Ángel Leñador ante el Periòdic y, viendo peligrar mi absolutamente inmerecida titularidad, regalé tantos a diestro y siniestro a los vanguardistas. Una situación intolerable que no debe repetirse. Si no, compañeros, tendréis que aplicarme el código interno y empezar a negociar mi traspaso (a precio de saldo, por supuesto) al Cotolengo.Espero tener suerte. Y si no, clemencia.
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