
Sí, digna derrota por 7-3 ante un rival que el año pasado nos metió -atención- 16. Pero eso no es lo importante. Desde mi privilegiada posición de cojo -qué bonito lo que se ve y se oye desde el banquillo- hay varios temas a destacar.
El principal, por supuesto, el espectáculo ofrecido por La Saeta y Romário Blanco. Ataca TV3. Conduce el balón el cierre, a quien cubre el gran Hijo del Viento, que estaba en plena celebración de sus 29 años. Desde el banco, Romário no deja de lamentarse ante la resistencia de algún miembro del equipo a pedir cambio (exijo debate paralelo sobre este asunto ya). La Saeta, harto de tanto "pobre de mí", olvida que un rival le está encarando y abandona la pista andando, en plan Cassano. Asombro en TV3. "¿S'ha enfadat?", pregunta, asombrado, Garassa. "Sí, avui fa 11 anys", le digo. Pero Avelina se niega a entrar y sigue lloriqueando desde la banda, con su característico gesto de "esto es una vergüenza". Gracias compañeros, sois grandes.
Hubo más a destacar:
-Finalmente tenemos un tío (a quien aún no hemos bautizado, por cierto) que chuta desde el centro del campo y se cagan los rivales. Dio dos largueros que hicieron temblar la portería. Bien por el secretario técnico que le fichó.
-El Gato volvió a fallar con el pie pero volvió a cuajar una gran actuación.
-Arizmendi se ha estancado. Ahora pide jugar en punta. Ya parece la Van der Bergh, con tanto pedir y tan poco aportar.
-Conversación en el metro entre Raúl, Paco y Carballo.
R. Estoy hasta los huevos de tanto perder.
P. Pues no sabes dónde te has metido.
C. Lo que te queda...
Y por último celebrar que el muy execrable crack rival, ahora articulista en Sport, se tuvo que tragar dos caños y fue humillado antes de dos goles.
Sauld, compañeros!


Quiero resarcirme. En ambas ocasiones me llevé un auténtico capazo de goles. Si bien en la primera el tanteo fue más doloroso, personalmente me siento mucho más culpable del encajado hace casi un año. Jugué presionado por la excelente actuación del Ángel Leñador ante el Periòdic y, viendo peligrar mi absolutamente inmerecida titularidad, regalé tantos a diestro y siniestro a los vanguardistas. Una situación intolerable que no debe repetirse. Si no, compañeros, tendréis que aplicarme el código interno y empezar a negociar mi traspaso (a precio de saldo, por supuesto) al Cotolengo.







